domingo, 4 de agosto de 2013


DOMINGO,  DÍA 2

Llegamos al aeropuerto de Shangai a las 8:00 a.m. Nos espera el transporte que nos ha enviado la prima Mónica, un taxi que nos lleva hasta Suzhou en poco más de una hora y media (420 RMB). Nuestra primer contacto con la realidad china: pese a dedicarse al transporte de viajeros, el conductor no habla nada de inglés. En nuestro caso sabía dónde nos tenia que llevar y no suponía mayor problema, pero nuestra recomendación es que llevéis impreso el nombre del hotel en chino. buscar información de transporte a Shangai.

Cuando llegamos a Suzhou, descansamos un poco en el apartamento de Mónica y aprovechamos ese tiempo para ponernos al día de algunas cosas, típicos cotilleos familiares que nunca deben faltar. Pero la idea era movilizarse lo antes posible porque, aunque los niños habían dormido unas 7 horas seguidas en el avión, necesitábamos pasar el día sin echar ni una ligera siestecita para evitar el jetlag.

Decidimos salir a conocer el casco antiguo de Suzhou. Mónica vive en la parte moderna de esta ciudad (Suzhou Industrial Park), una zona de grandes edificios y avenidas donde viven gran parte de los trabajadores extranjeros de las distintas multinacionales europeas y americanas que se encuentran en la zona. Desde hace pocos años hay metro, y tomando la linea 1, en tres paradas estábamos en el Ping Jian District, dónde se encuentra el casco antiguo de la ciudad. Es lo poco que queda de lo que se conoce como la "Venecia de Oriente", ciudad que Marco Polo definió como una de las más bellas de Oriente (Lonely Planet dixit).

Este distrito se divide, a su vez, en dos zona, el Guan Quian Area y el Ping Jiang Old Town. Comenzamos el paseo por la segunda, un lugar encantador de pequeñas calles surcadas en ocasiones por canales de agua donde uno se va topando con pequeños rincones que obligan a parada y foto (Pingjiang Lú). Durante este rato antes del almuerzo nos percatamos de dos cosas a tener muy en cuenta, a saber: que las motos eléctricas y las bicicletas campan a sus anchas no solo en el asfalto sino en pequeñas callejuelas llenas de viandantes, y el calor húmedo que nos acompañaría durante el resto del viaje. Poco a poco nos fuimos dando cuenta que a todo se acostumbra el ser humano. El calor se mitiga comprando agua y parando de vez en cuando en algún centro comercial o tienda donde siempre hay aire acondicionado, y lo de las motos... mentalizándose (supone esfuerzo, dependiendo de lo aprensivo que sea uno) de que si hay tantos chinos andando y no pasa nada, 4 almas más no van a romper el equilibrio Confuciano establecido entre pilotos y peatones.

Comimos en Dong Bei Street, en un pequeño restaurante donde había otras dos o tres familias chinas comiendo que no pararon de mirarnos y reírse. Domplins, arroz, unos rollitos con verduras y carne de ternera en salsa con verduras, todo muy barato (145 RMB), acompañado de cerveza del lugar y agua embotellada, algo difícil de encontrar en otros restaurantes autóctonos, pues suelen ofrecerte (gratuitamente) agua temblada aromatizada con limón o té. En todo el tiempo que estuvimos en China no nos acostumbramos a eso de tomar te o agua caliente cuando en la calle estas a 40ªC.

Completamos nuestra visita por el área de Guan Quian, visitando pequeños establecimientos de flores y la calle principal (Guanqian Jie). No se ven muchos occidentales paseando, pese a haber muchos viviendo en la zona, por lo que en más de una ocasión nos pidieron hacerse fotos con nosotros. Esto de las fotos se iba a convertir en el "pannuestrodecadía" con Iria, la pequeña, que se lo tomo con filosofía.

Ya de vuelta a casa por la tarde nos calló nuestra primera tormenta, es importante tener siempre a mano un chubasquero. Salimos a cenar y pronto a camita. Superamos el “jetlag”, ¡bien!