lunes, 19 de agosto de 2013


LUNES,  DÍA 17


Ciudad Prohibida
Nos levantamos sin prisa y nos dirigimos caminando a la Ciudad Prohibida. Como todo en China, es enorme y está lleno de gente. Estuvimos algo más de dos horas dentro y visitamos la parte central (hacía bastante calor y como hemos dicho antes es enorme). Los edificios centrales no se pueden visitar por dentro, únicamente se ven desde fuera lo que provoca bastante aglomeración de personas. Es totalmente distinta al Palacio de Verano, de formas mucho más lineales y con grandes explanadas de baldosas. De vez en cuando hay que parar (siempre en la sombra, por favor) y leer la guía o la información que llevemos apuntada, además de hacer una vista panorámica, para darse cuenta de la majestuosidad del lugar, porque si se va muy deprisa parece que a cada puerta que pasas vas viendo lo mismo. Como hemos dicho, no nos entretuvimos en las alas este y oeste de la Ciudad.

Ciudad Prohibida

Salimos por la puerta de Shenwu, justo después del Jardín Imperial y aprovechamos para visitar el parque de Jingshan, desde el templo situado en el parque (la subida con 322 escalones es durilla) se puede admirar la grandeza de la Ciudad Prohibida además de otras partes de la ciudad. Merece la pena subir hasta arriba justo después de haber visitado la Ciudad Prohibida.


Vistas de la Ciudad Prohibida desde el templo del parque Jingshan


Teníamos hambre y como los niños (y nosotros también) querían probar el pato laqueado decidimos ir en busca de algún sitio para probarlo. Guiados por la lonely planet, por el nombre y casi de casualidad (la ubicación era distinta a la que se indicaba en la guía) entramos en lo que debe ser uno de los mejores restaurantes de Pekin para tomar pato laqueado: el Dadong de la 6º planta de uno de los centros comerciales de la calle Wangfuing (al final de la calle). Es un restaurante bastante lujoso con un hornos en el centro donde puedes ver como meten a los patos.


Restaurante Dadong


El cómo servir el pato es todo un ritual, lo van cortando poco a poco y te lo ponen acompañado de distintas verduras, salsas y tortitas. Al finalizar te traen un racimo de uvas. Mereció la pena, a todos nos encantó el pato.

Por la tarde, después de descansar un rato, decidimos volver al mercado de la seda a continuar con las compras. Cenamos en una pizería en el mismo mercado (precio muy caro comparado con la comida china) y al hotel a descansar que mañana tocaba levantarse temprano para ir a ver la Gran Muralla.