miércoles, 21 de agosto de 2013


MIÉRCOLES, DÍA 19


Día de templos. Habíamos decidido visitar el Lama Temple y El Templo del Cielo (que es más parque que templo) y dejar el Templo de Confucio ya que habíamos visto otros y no queríamos que se hiciese pesado a los niños.


La parada de metro del Lama Temple es YongheGong-Lama Temple.Lo primero que llama la atención al llegar allí es que ya en la salida del metro te asaltan vendiendo incienso y lo segundo es que a las puertas del templo es dónde más personas pidiendo limosna hemos visto, la mayoría de ellos mutilados o con alguna discapacidad física. En todos estos días (excepto en Xian) no habíamos visto prácticamente ningún signo de mendicidad.
Lama Temple


Una vez dentro, además de la belleza del lugar, las figuras (incluyendo un enorme Buda de 17 m) y la espectacular carpintería de los techos, lo que más llamó la atención fue la cantidad de fieles que había quemando incienso, realizando ofrendas y actuando con auténtica devoción. De alguna manera, y a pequeña escala, es similar a Fátima o Lourdes para los católicos. Hasta ahora no habíamos detectado mucho interés religioso en los distintos templos Taoístas y Budistas que habíamos visitado, pero aquí fue distinto, una neblina de olor a incienso que lo envolvía todo, monjes Tibetanos en algunos de los altares y la cantidad de gente realizando los rituales típicos de oración le daban un color totalmente distinto.


Cipreses centenarios en los jardines del Templo del Cielo
Tras esta primera visita y en la misma línea de metro (parada Tiatándongmen) llegamos al Templo del Cielo, que es más bien un parque donde la gente se reune a pasar el día (había bastantes grupos de gente juntando a las cartas, haciendo ganchillo o jugando al ajedrez chino) pero que tiene parte de templo (zona donde se sacrificaban animales, sala de las rogativas por las buenas cosechas, bóveda imperial y altar de mármol cuya simbología gira en torno al número 9). Es distinto al resto de templos ideal para tomárselo con calma pasear y relajarse.

Importante:la entrada Este (la más cercana al metro) esta saliendo a la derecha, hay bastantes conductores de "rickshaw" que os intentarán decir que es hacia el otro lado y esta muy lejos para llevaros ellos.
Templo del Cielo

Aunque habíamos desayunado tarde, ya pasaba la hora de comer y teníamos hambre, así que apretamos el paso y nos dirigimos al mercado de la perla que queda justo enfrente de la puerta este del Templo del Cielo. Los restaurantes están en la planta sótano del mercado. No hay muchos sitios para elegir (además de KFC y Subway que los hay a patadas) así que nos metimos en uno en el que vimos que hacían hot pot ya que llevábamos tiempo queriendo probarlo porque nos llamaba a todos la atención.



Resulto ser una cadena donde solo hacen hot pot y encima no hablaban ni una palabra en inglés por lo que nos costó mucho entendernos aunque, finalmente, comimos genial (mucha verdura, ternera, dumping y noodles que te haces tu en una olla con agua hirviendo que te ponen en el centro de la mesa).




Después de la comida nos dimos un paseo por el mercado e hicimos alguna comprilla. Nos nos pareció tan agobiante como nos habían dicho y parece un buen sitio para comprar perlas (dos de sus plantas solo venden perlas), y cosas de electrónica pero tienen menos ropa de deporte y montaña que en el mercado de la seda.


Tras las compras, un breve descanso en el hotel y nos dirigimos en metro hacia la calle comercial de Quianmen. La calle principal parece imitar, con comercios más modernos, la zona de la concesión francesa en Shangai, mientras que los callejones aledaños ( al oeste) son un ir y venir de gente entre pequeñas tiendas y restaurantes chinos que te invitan al consumo. Nos sirvió para llenar el estómago y entretenernos un poco más con el vicio que tiene esta gente por estar siempre agolpada. Antes de tomar el metro aprovechamos para ver la Plaza de Tianangmen iluminada y de lejos la Puerta del Cielo De la Ciudad Prohibida.


Quianmen

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