martes, 6 de agosto de 2013


MARTES, DIA 4


NÁNJING. Habíamos sacado los billetes de tren el día anterior en la estación de Shangai. Salimos desde el apartamento en taxi hasta la estación con tiempo suficiente (21 RMB). A las 10:30 salió puntual el tren de Suzhou y a las 12:00 ya estábamos en nuestro destino. Esta vez Pablo pagó billete, mientras que el día anterior ni él ni Iria lo hicieron...utilizan el "ojo del buen cubero" y según la vista del que toque ese día así pagamos más o menos. En autobuses y metro aún no han pagado ninguno de los dos. En este punto estaría bien indicaros a aquellos que llevéis niños que hay unas marcas a 1,20 m. o a 1,30 m. en algunas puertas que en nuestro caso no han utilizado.

Mausoleo de Sun Yasen
Una vez en la estación de Nanjing buscamos los autobuses Y1, Y3 o 16 como indica la Lonely Planet para subir hasta la zona de Zhongshan Mountain National Park.. Empezaba mal el día, ni en la salida oeste ni en la este de la estación encontrábamos nuestros ansiados autobuses. Entramos en un hotel donde esperábamos algo de inglés (las indicaciones en chino de la oficina de autobuses no nos terminó de convencer) y nos mandaron hacia el este en busca de estos autobuses, pero nada de nada. Finalmente, tras varios minutos andando, decidimos coger un taxi para subir hasta el mencionado parque. Allí, separados entre ellos a una distancia considerable como para no hacer a pie se encuentran la Tumba de Ming Xiaoling, el Mausoleo de Sun Yatsen y la zona paisajística del Templo de Linggú. El taxi nos dejó en el primer monumento y desde allí fuimos en el autobús 3 y luego en el turístico 1 hasta el segundo monumento. Este segundo, de forma exagerada, es un lugar de peregrinación de los chinos para ver la tumba del que consideran el padre de la China moderna (doctor Sun). Estos monumentos están en un enclave paisajístico precioso, aunque su valor arquitectónico no supimos apreciarlo. Esto, unido a lo caótico del desplazamiento, la hora (14:30) y nuestro interés por visitar el centro y murallas de la ciudad nos hizo desistir de la visita del último lugar. Nuestra recomendación: si hacéis visita de un día como nosotros quizá sería mejor coger un taxi directamente y dirigirse hasta el Templo de Linggú, que aparentemente (como os hemos dicho, no lo vimos) es el que mejor pinta tenía.



Comimos algo rápido, pinchos de pollo y cerdo condimentados, en un puestecillo y nos dirigimos directamente al sur de la ciudad, hacia el Templo de Fuzi y alrededores (taxi, 31 RMB).



Templo de Fuzi

La zona en torno al templo de Fuzi tiene su encanto, pequeñas calles de comercio de estética oriental, en su gran mayoría reconstruida te sacan de una cuidad en la que ya abundan los rascacielos y nuevas edificaciones.
Concierto de musica tradicional. Templo de Fuzi
 
 
 
 
 
 
 
 
La visita del templo es corta y recomendable y en nuestro caso, en una de las salas, estuvo acompañada de un concierto de instrumentos tradicionales chinos de cuerda y viento a cargo de cuatro músicos convenientemente ataviados.







En la puerta principal del templo hay una gran plaza con un pequeño canal donde se puede dar un paseo en barcas turísticas. Nosotros preferimos seguir paseando por la zona para tomar un café y ver restos de las antiguas murallas que aún quedan por esta zona de la ciudad.



Murallas y lago de Nanjing
Después tomamos la linea 1 de metro en la estación de Shanshion Street hasta Gulou. Aquí seguimos andando por East Beijing Road hasta un edificio del Gobierno Municipal donde tomamos a la izquierda para visitar el Templo de Jiming. Continuando por la calle (cuesta arriba) se llega a las murallas de Ming, donde se puede realizar un bonito y largo paseo hasta el parque de Jiuhuashan. Nosotros íbamos ya un poco cansados y el tiempo apremiaba para llegar al tren de vuelta (19:43) por lo que preferimos admirar el paisaje, las vistas de las murallas y el atardecer desde el parque del lago Xuanwu.




De vuelta tomamos el autobús 304 que era el único que pasaba por allí hasta que vimos la primera boca de metro que nos llevase a la estación. Sí, quizá un poco arriesgado, pero los peques no querían andar más y , ¿ qué es la vida sin un poco de aventura?






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