DOMINGO, DÍA 2
Llegamos al aeropuerto de Shangai a las 8:00 a.m. Nos espera el
transporte que nos ha enviado la prima Mónica, un taxi que nos lleva
hasta Suzhou en poco más de una hora y media (420 RMB). Nuestra
primer contacto con la realidad china: pese a dedicarse al transporte
de viajeros, el conductor no habla nada de inglés. En nuestro caso
sabía dónde nos tenia que llevar y no suponía mayor problema, pero
nuestra recomendación es que llevéis impreso el nombre del hotel en
chino. buscar información de transporte a Shangai.
Cuando llegamos a Suzhou, descansamos un poco en el apartamento de
Mónica y aprovechamos ese tiempo para ponernos al día de algunas
cosas, típicos cotilleos familiares que nunca deben faltar. Pero la
idea era movilizarse lo antes posible porque, aunque los niños
habían dormido unas 7 horas seguidas en el avión, necesitábamos
pasar el día sin echar ni una ligera siestecita para evitar el
jetlag.
Decidimos salir a conocer el casco antiguo de Suzhou. Mónica vive
en la parte moderna de esta ciudad (Suzhou Industrial Park), una zona
de grandes edificios y avenidas donde viven gran parte de los
trabajadores extranjeros de las distintas multinacionales europeas y
americanas que se encuentran en la zona. Desde hace pocos años hay
metro, y tomando la linea 1, en tres paradas estábamos en el Ping
Jian District, dónde se encuentra el casco antiguo de la ciudad. Es
lo poco que queda de lo que se conoce como la "Venecia de
Oriente", ciudad que Marco Polo definió como una de las más
bellas de Oriente (Lonely Planet dixit).

Este distrito se divide, a su vez, en dos zona, el Guan Quian
Area y el Ping Jiang Old Town. Comenzamos el paseo por la segunda,
un lugar encantador de pequeñas calles surcadas en ocasiones por
canales de agua donde uno se va topando con pequeños rincones que
obligan a parada y foto (Pingjiang Lú). Durante este rato antes del
almuerzo nos percatamos de dos cosas a tener muy en cuenta, a saber:
que las motos eléctricas y las bicicletas campan a sus anchas no
solo en el asfalto sino en pequeñas callejuelas llenas de
viandantes, y el calor húmedo que nos acompañaría durante el resto
del viaje. Poco a poco nos fuimos dando cuenta que a todo se
acostumbra el ser humano. El calor se mitiga comprando agua y parando
de vez en cuando en algún centro comercial o tienda donde siempre hay
aire acondicionado, y lo de las motos... mentalizándose (supone
esfuerzo, dependiendo de lo aprensivo que sea uno) de que si hay
tantos chinos andando y no pasa nada, 4 almas más no van a romper el
equilibrio Confuciano establecido entre pilotos y peatones.
Comimos en Dong Bei Street, en un pequeño restaurante donde había
otras dos o tres familias chinas comiendo que no pararon de mirarnos
y reírse. Domplins, arroz, unos rollitos con verduras y carne de
ternera en salsa con verduras, todo muy barato (145 RMB),
acompañado de cerveza del lugar y agua embotellada, algo difícil de
encontrar en otros restaurantes autóctonos, pues suelen ofrecerte
(gratuitamente) agua temblada aromatizada con limón o té. En
todo el tiempo que estuvimos en China no nos acostumbramos a eso de
tomar te o agua caliente cuando en la calle estas a 40ªC.
Completamos nuestra visita por el área de Guan Quian, visitando
pequeños establecimientos de flores y la calle principal (Guanqian
Jie). No se ven muchos occidentales paseando, pese a haber muchos
viviendo en la zona, por lo que en más de una ocasión nos pidieron
hacerse fotos con nosotros. Esto de las fotos se iba a convertir en
el "pannuestrodecadía" con Iria, la pequeña, que se lo
tomo con filosofía.
Ya de vuelta a casa por la tarde nos calló nuestra primera
tormenta, es importante tener siempre a mano un chubasquero. Salimos
a cenar y pronto a camita. Superamos el “jetlag”, ¡bien!