SÁBADO, DÍA 8
Aunque hoy descansamos un poco más, a las 9 estábamos desayunando las tostadas, el huevo con baicon y el café que nos había preparado Sophie. Con el estómago lleno y con los bañadores en la mochila cogimos las bicis y nos dispusimos a buscar el Puente del Dragón.
Cuando ya estábamos en ruta nos dimos cuenta de que el mapa no lo llevábamos encima, así que optamos por seguir el camino que tomaban casi todas las bicis. Cada vez veíamos más y más bicis, y lugareños ofreciendo viajes en barcazas de bambú y un montón de camiones transportando barcazas y bicicletas de un sitio para otro. Un camino pequeño pero con un tránsito de paseo marítimo en cualquier localidad costera española en verano. Aquello no es lo que en un principio buscábamos, pero como todo el mundo iba por allí...
| Río Yulong |
Llegamos al puente Gongnong, al sur, cuando nuestra intención era ir al noroeste. Aprovechamos para bañarnos y refrescarnos un poco en el río Yulong.
Con ánimos renovados cambiamos de sentido y nos dirigimos ría arriba buscando nuestro destino original. A partir de Xinglong, un pueblecito pequeño a orillas del río, la cosa cambió, cada vez había menos gente y los rincones que nos encontrábamos se convertían en lugares perfectos para parar y deleitarse con el paisaje. Es más, hay que adentrase en caminos y pueblecitos donde la bicicleta de paseo tandem que llevábamos desentonaba un poco. El camino, a veces sendero, discurre entre arrozales, pequeñas albercas que se utilizan como piscifactorías y criaderos de nenúfares y huertos que, con las montañas como fondo, ofrecen un paisaje magnífico.
El Puente del Dragón se encuentra rodeado de pequeños establecimientos que te venden comida, agua y souvenirs además de lugareñas vendiendo paseos en barca de bambú.
| Puente del Dragón |
Después de aparcar las bicis atravesamos el puente y compramos agua y sandía fresquita a una señora muy amable que casi nos arrastró a su pequeña tienda.
Comimos noodles y arroz al lado del río, muy agradable con escaleras hacia el río así que los niños aprovecharon para darse un chapuzón.
La vuelta hacia Yangshuo la hicimos por la orilla contraria, es un camino más fácil y corto que el que habíamos hecho para venir, en el que te vuelves a encontrar pueblecitos a los que ya les empiezan a hacer un camino asfaltado de cemento.
Después de una reconfortante ducha salimos a dar un paseo por el centro de Yangshuo. Al ser sábado había más gente que el día anterior, por West Road no se podía ni caminar, un agobio la verdad. Cenamos de nuevo en el café Mimosa y de vuelta al hotel (nos costó algo más conseguir taxi ya que al ser sábado estaban más solicitados y nos pedían 40 yuanes aunque finalmente conseguimos uno por 30 yuanes).